LA CREATIVIDAD SE ENTRENA. ES EL INICIO DE LA INNOVACIÓN.

La creatividad no es un atributo exclusivo de artistas, profesionales del marketing, la publicidad… es un recurso necesario en muchas facetas personales y profesionales. Desde la estrategia empresarial a cómo cocino un plato de pasta.

Nuestro cerebro funciona a base de conexiones complejas que terminan asemejándose a un entramado de telas de araña. Se les denomina mapas mentales. Por cada decisión que tomamos nuestra mente une varios puntos de conocimiento, experiencia, costumbres culturales, creencias,… en diferentes planos. De hecho, tenemos dos maneras de pensar y establecer esas conexiones:

  • Pensamiento convergente: se utiliza en problemas de solución única como en matemáticas. Es el establecimiento de conexiones tradicionales, conexiones que únicamente van en una dirección. Por ejemplo, con la palabra oficina las conexiones convergentes serían despachos, ordenadores, café, compañeros de fatigas, de ocho a cinco,… Es el que nos “encajona”.
  • Pensamiento divergente o lateral: es aquel que establece conexiones en muchas direcciones, en diferentes planos, desarticulando las estructuras rígidas para ofrecer soluciones flexibles. Establece conexiones nuevas para probar su funcionalidad e innovar. Siguiendo con el caso de la palabra oficina: trabajadores con pantalones cortos, un jardín lleno de laptops, sin mesas, compañeros de juego,… Es el que nos “saca de la caja”.

La creatividad requiere el entrenamiento del cerebro para que adquiera la costumbre de generar conexiones divergentes y no solo convergentes. ¿Cómo entrenarla día a día? Existen infinitas maneras de hacerlo. ¿Cuáles nos sirven a nosotros? Aquí algunas “rutinas”:

  • Generar una cuota de ideas diariamente.
  • Ponerse a tono. Mente, cuerpo y corazón dispuesto.
  • Buscar verdades sencillas, simples en objetos cotidianos o imágenes.
  • No ser esclavos de las costumbres.
  • Alimentar la cabeza seleccionando cuidadosamente las lecturas, tomando notas, leyendo biografías, libros, revistas variadas y pensando.
  • Hacer análisis de contenido. ¿Por qué lo escribió? ¿A quién se parece? ¿Cómo me sirve? ¿Dónde lo puedo aplicar?…
  • Crear nuestro propio banco en el cerebro: recortes, imágenes, fotos, portadas, posters, cómics, garabatos, etc… Y de vez en cuando, sacar algo del mismo.
  • Viajar, ver tiendas, ferias, exposiciones, observar a la gente, etc…
  • Registrar las ideas. Luego se olvidan…
  • Pensar correctamente: fluida y flexiblemente. Quitar los tapones personales.

Y para ayudaros a poner en forma vuestro pensamiento divergente, la clase de pensamiento que llevó a Mark Zuckerberg a crear Facebook a raíz de unos anuarios escolares, no está de más recordar 10 técnicas muy utilizadas:

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El brainstorming: es una técnica muy conocida, pero no por ello menos eficaz. Define bien el problema al que te enfrentas y empieza a apuntar todas las ideas, palabras o soluciones que se te ocurran por muy absurdas que te parezcan. Después déjalo reposar una hora y vuelve a releerlas con la mente abierta, una puede ser lo que necesitas o lo que inspire aquello que buscas.

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Escritura automática: con el tema en mente escribe y escribe sin parar sobre ello. No dejes que tu mano se detenga. Si llegas a un punto muerto sigue con lo primero que aparezca en tu mente aunque no tenga sentido. Esta técnica sigue el mismo patrón que el brainstorming pero con estructuras un poco más desarrolladas. Al escribir en profundidad sobre el tema sin preocuparnos por la ortografía o coherencia aparecen preguntas, se descartan soluciones y la información que albergamos en nuestra mente se clarifica.

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Busca similitudes: investiga sobre otros casos ya desarrollados, qué se ha hecho, juega a combinar los que más te gustan. Si en conjunto no encuentras una vía de desarrollo que te convenza despiézalo y halla ejemplos para cada una de las partes.

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Rodéate de creatividad: acude a museos, galerías de imágenes, lee libros que te gusten por su originalidad, acude a charlas, conferencias,…

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Técnica de Moliere “ojos limpios”: en ocasiones nos hayamos tan sumergidos, hemos profundizado y pasado tanto tiempo con el proyecto que somos incapaces de tomar la distancia necesaria para analizar el problema. Habla con una persona que no esté relacionada con él y que lo desconozca. Una mirada nueva y fresca puede ayudarte a descubrir nuevos puntos de vista.

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Técnica de Da Vinci: una vez tengas el problema bien definido y acotado en tu cabeza dibújalo, dibuja todo aquello que te venga a la mente sin preocuparte por cómo está quedando. Dibujar y colorear ayuda a relajar y liberar la mente preparándola para establecer nuevas conexiones.

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Estimulación aleatoria o asociaciones libres: haz una lista o un conjunto de papeles con diferentes palabras, palabras seleccionadas al azar del diccionario, titulares, noticias,… dobla cada una y métela en una caja para luego extraer una. No vale renunciar a ella por muy difícil que sea. Establece una relación entre la palabra que te ha tocado y aquello con lo que estás bloqueado.

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Los seis sombreros del pensamiento (Edward de Bono): esta es una práctica colectiva en la que cada participante recibe una tarjeta de un color y según el color que le toque debe desarrollar un ámbito. Blanco: objetividad; negro: crítica y factores negativos; amarillo: optimismo y factores positivos; verde: creatividad; azul: coordina el equipo y el rojo: sentimientos y emociones. También puedes ejercitar esta técnica de manera individual tratando uno a uno todos estos puntos.

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Invierte suposiciones (“teaching your child to think” de Edward de Bono): consiste en establecer suposiciones relacionadas con el tema, suposiciones tópicas o razonables e invertirlas y trabajar con estas suposiciones invertidas.

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Hazte preguntas: la mejor manera de liberar las conexiones es aplicando al tema no solo las preguntas básicas: ¿qué?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿quién?, ¿dónde?,… si no también ¿puede hacer….? ¿y si le cambio…?,…

Estás técnicas, normalmente se emplean como “disparadores” y “aceleradores” de la creatividad pues persiguen que la persona se libere de temores, de practicidad y de la lógica pura que pueden actuar como bloqueadores.

“Primero hay que dejar jugar a la creatividad, romper con lo establecido, lo monótono y el famoso “siempre se ha hecho así”. Luego se aplican los criterios pragmáticos para evaluar las alternativas”.