EL PROBLEMA MIGRATORIO DE CENTROAMERICANOS EN EE.UU,

ES MÁS SERIO QUE LA REINSERCIÓN DE PERSONAS…

Las tendencias globales de consumo nos deben abrir oportunidades para innovar y diversificar nuestra oferta.

Las recientes noticias del endurecimiento de las medidas contra inmigrantes ilegales, la caducidad de los TPS de nicaragüenses, salvadoreños y hondureños en Estados Unidos y los rumores de NO renovación de los mismos, no sólo genera un problema migratorio, de realojamiento, readaptación y reinserción de más de 250.000 personas (Pew Research Center) que gozan de este estatus y de los cerca de 2.000.000 de centroamericanos ilegales (Pew Research Center), sino que también afectaría directamente a las economías que subsisten de la exportación de productos nostálgicos a EE.UU. como frijol, quesos, dulces artesanales, textiles, entre otros y al rubro de remesas recibidas en los países.

Estamos hablando de que la migración de centroamericanos a ese país, mueve $17.000 millones en remesas y $5.000 millones en demanda de productos nostálgicos hacia la región centroamericana según un estudio del Inter American Dialogue, y que cada centroamericano gasta un promedio de $127 mensuales en estos productos. Cifras críticas, si consideramos que las remesas contribuyen en más de un 7% al PIB de la región y el 95% de las empresas que exportan productos nostálgicos, son pymes.

Estamos hablando de un problema coyuntural serio, que las autoridades estadounidenses deberían valorar más profundamente si sus intenciones, con programas como el PLAN PROSPERIDAD DEL TRIÁNGULO NORTE, es apoyar el desarrollo de la región para frenar la inmigración, mejorar la creación de puestos de trabajo, reducir la corrupción, el narcotráfico y la violencia. En definitiva, mejorar las condiciones de vida de los centroamericanos.

Y por otro lado, nuestras autoridades regionales deberían establecer los mecanismos políticos y económicos, necesarios para articular las mesas de negociación y trabajo público – privadas, para generar soluciones integrales que no provoquen una desaceleración económica y social de la región, lo que supondría volver a la época de las “repúblicas bananeras” del siglo XX… y a aumentar las brechas, ya de por sí muy pronunciadas… No es un problema de países, es un problema de región.

Las tendencias globales de consumo nos deben abrir oportunidades para innovar y diversificar nuestra oferta y aperturar los mercados del futuro, donde se concentrará el consumo de la clase media: Europa y Asia. Las estrategias de articulación productiva y cadenas de valor reales deben tomar cada vez más, el protagonismo del desarrollo económico, nunca desde una perspectiva asistencialista, siempre desde la perspectiva de inversión y desarrollo. Sumando por supuesto, una mejora sustancial de nuestros sistemas educativos que fomenten la creatividad, la innovación y la iniciativa de las nuevas generaciones y eliminen el “borreguismo” y la inercia. Tenemos recursos, capital humano, herramientas, apoyo de cooperación, inversionistas, actitud, empuje, garra, capacidad de adaptación, … ¿faltaría algo de voluntad?

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Tenemos puestos los huevos en la misma cesta y eso puede tener ciertos peligros, cuando al dueño de la cesta ya no le gustan esos huevos, tendemos a sacrificar la gallina para que nos alimente… en vez de buscar alternativas y una vez muerta la gallina…